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Breve reseña sobre el Origen de la tuna
Los antecedentes más remotos de Tuna los encontramos en la cultura goliárdica, fenómeno poético musical (encuadrado en la literatura latina del siglo XII), que nace en Francia en los focos culturales de Paris y Chartes, Ésta se extendió por Alemania, Italia, Inglaterra y toda Europa, ya que estos goliardos iban vagando de una ciudad a otra. Componían cantares, poemas y diálogos profanos, principalmente en latín, lengua en que se estudiaba y que los unía. Paralelamente en Francia en la edad de Oro (SS. XII e XIII) aparece la figura de trovador o poeta cortesano.
Los goliardos o clérigos vagantes eran estudiantes o profesores que frecuentemente tenían órdenes menores y andaban por las escuelas de Europa, de ciudad en ciudad, buscando a los mejores maestros y entregados a una vida disoluta por tabernas y burdeles, cantando las canciones que ellos mismos componían exaltando el vino, celebrando la belleza de alguna dama o criticando la prepotencia y corrupción del clero.
Como consecuencia de la profunda agitación intelectual que convulsiona a la sociedad europea del Siglo XIII, se fundan en España al amparo de la Escuelas Catedralicias los “Studium Generale” que vienen a ser Las “primeras Universidades”, así tenemos Palencia (1.184), Salamanca (1.218), Valladolid, Lérida, Santiago de Compostela, concibiendo una nueva casta o grupo profesional, que está conformado por los estudiantes.
El sentido corporativo de estos estudiantes es muy fuerte y procede de la natural defensa de todo aquel que se encuentra apartado de su patria, es entonces que la propia “Universidad” se configura como una auténtica república de estudiantes y profesores. De ésta manera se va forjando una fuerte conciencia de grupo, el cual halla reflejo, en nuevas organizaciones, con ritos de iniciación no oficializados y con una jerarquía estructurada entre sus miembros, que constituirían la esencia de las más antiguas tradiciones estudiantiles.
Algunos de éstos estudiantes no conformes con el ya de por sí estamento privilegiado que les otorgaba el fuero estudiantil, sienten la necesidad de agruparse y deambular de un centro a otro en busca de los mejores maestros. Es fácil deducir que una parte de aquellos estudiantes universitarios, utilizaran la Música como "vehículo" de transporte, sustento y posada, a la vez que como instrumento con el que expandir sus inquietudes de juventud, de desenfreno y de burla, cuando no de irreverencia hacia la Iglesia, estamento del cual dependían.
A estos Estudios Generales y a los que sucesivamente se crearon, acudían jóvenes de toda condición y todo lugar llegando de ésta manera a la península Ibérica el espíritu goliárdico, no sólo como novedad cultural, sino como reflejo de vida andariega y bohemia de estos personajes, que de sus cantos jocosos y amorosos recibían unas monedas, vino, o alguna sopa caliente, marcando el primer enfrentamiento contra el orden social establecido en la Edad Media.
Dichos estudiantes tenían que sobrevivir y mantenerse en las ciudades universitarias y debían de hacerlo la mayoría con pocos recursos por lo que necesitaban de su picaresca, ingenio, habilidades y cualidades artísticas para conseguirlo, heredadas de juglares y trovadores de épocas anteriores y aprendidas de cómicos y artistas con los que normalmente compartían caminos y aventuras.
De esta manera surgen los “sopistas”, quienes se gestaron como la versión española del fenómeno conocido como Goliardos, y que como mencionamos, en la Edad media se había generalizado en toda Europa, representando la bohemia universitaria viviendo como juglares y trovadores. Estos sopistas vendrían a ser los predecesores de los actuales tunos.
Recibían el nombre de sopistas porque vivían de la sopa boba. Durante siglos, los estudiantes sin recursos acudieron a comer la sopa que se repartía en las porterías de los conventos, particularmente las del convento de los Capuchinos a las 12 horas del medio día, o mendigaron la comida ostiatim (de puerta en puerta), por este motivo fueron conocidos con el nombre de sopistas o sopones, términos que con el tiempo quedarían asociados a los tunos.
Los sopistas, ofrecían su música, simpatía y picardía recorriendo figones, conventos, calles y plazas a cambio de un plato de sopa y monedas que les ayudaban a costear sus estudios, y no escaseaban las situaciones e historias en donde los estudiantes haciendo uso de su ingenio, picardía, y muchas de la veces de sus malas artes, acababan en problemas con la justicia. Todo esto era debido a la época de escasez que se vivía y a su condición de estudiantes pobres y que se unían “en tuna ” o para “correr la tuna” y no de tunos porque no existía esta figura como tal.
Siempre iban provistos de cuchara y tenedor de madera, lo que les permitía comer en cualquier lugar donde se les presentaba la ocasión. Estos cubiertos de madera eran distintivo de los sopistas, siendo en la actualidad símbolo de todas las Tunas Universitarias.
Cuando anochecía y una vez sonaba la campana de queda o recogida, salían a rondar los balcones para enamorar a las féminas que pretendían.
Otras veces, y para burlarse de la justicia, los rondadores o tunantes encordelaban una calle, fingían gritos o pendencias, y cuando acudía el alguacil, éste caía de narices ante las risas de los estudiantes. De todas las formas, los más peligrosos conflictos tenían lugar entre los estudiantes y la justicia del corregidor. En ese mismo instante entraba en juego la defensa del fuero universitario. Los delitos cometidos por los estudiantes, cuando se limitaban al ámbito universitario, caían bajo la jurisdicción del maestrescuela o canónigo encargado de mantener el orden en la universidad. Los estudiantes tenían su propia cárcel, y unas grandes cadenas de hierro señalaban la frontera que la justicia del rey no podía franquear. Pues bien, al fuero estudiantil propiamente, los componentes de la tuna añadían el de su condición de tunantes, lo que les confería, si cabe, mayores ventajas.
La primera referencia escrita a los sopistas data del año 1.300 y apareció en el "Liber constitutionem" de la Universidad de Lérida, donde se prohibía las rondas nocturnas de los escolares y se condenaba a los rondadores a la pérdida de los instrumentos, pues rompían el silencio y descanso de la ciudad.
En 1.348, Alfonso X "El Sabio", se refiere a los tunos como juglares en "El Código de las Siete Partidas", diciendo: "Esos escholares que troban y tañen instrumentos para haber mantenencia".
De la misma época es la obra "Razón de amor y denuestos del agua y el vino", cuyo autor se retrata en la introducción: "Un escolar la rimó, que siempre dueñas amó". Y en ella se alude a las cintas de amor que prenden sobre la capa del escolar, por una de las cuales una dama reconoce al protagonista en la oscuridad de la noche.
El nacimiento de la TUNA es paralelo, al de las propias universidades españolas, en donde dentro del ambiente medieval, cualquier manifestación de carácter sagrado, tenía su equivalencia en lo puramente mundanal o secular.
De esta forma, así como los clérigos entonaban canciones a la Virgen María, reina de los cielos, los caballeros enviaban juglares a los castillos de sus damas, los estudiantes hacían lo propio con las mujeres a quienes amaban y pretendían.
Estamos pues, ante la tradicional Ronda o Serenata, y con ello, dando salida a las primeras formaciones de carácter, más puramente tunantesco. Al mismo tiempo, las actuaciones en bodas y fiestas en general, eran muy bien aceptadas entre las gentes del medievo, tan necesitadas de compaginar esa dualidad mágica de orar y atender a la vez a los placeres mundanos. Este tipo de presentaciones o conciertos en bodas, es igualmente, otra de las más comunes actividades de la tuna, y en este caso como forma de sostenimiento principalmente.
La vestimenta de los primeros tunos, no se diferenciaba de la de sus compañeros de Universidad, es decir, sotana y manteo negro, de aspecto muy sobrio y raído, siendo además que la Iglesia prohibía toda señal de lujo y ostentación, y que además, en el caso de los tunos, su apariencia de pobres, aunque en muchos casos no lo fueran, les garantizaba mejor la obtención de posada y pecunia.
Estos estudiantes se unían y organizaban en grupos para volver a sus lugares de procedencia en temporada de vacaciones de la forma que entendemos que es “correr la tuna”, actuando en pueblos por el camino a casa, acompañando arrieros, uniéndose a comparsas de cómicos, hasta que cada uno llegaba a su tierra.
Fue en el siglo XVI cuando se formaron las tunas tal y como hoy las conocemos. Los sopistas se acogieron a la "Instrucción para bachilleres de pupilos" dictada en 1.538, norma que ofrecía vivienda a los estudiantes que no podían costearla. En ellas no podían mezclarse estudios diferentes y eran dirigidas por los estudiantes más antiguos, a los que se llamaba "bachilleres de pupilos". A partir de ese momento, comenzaron a cantar sin que en ello les fuera la supervivencia. Porque, entonces, los ya ex sopistas, en calidad de estudiantes veteranos, se hicieron servir como escuderos por los “bobos” o estudiantes nuevos, a los que supuestamente debían apoyar, según la norma, a cambio de legarles su gaya ciencia musical.
Estas casas eran, por sus características, habitadas mayoritariamente por sopistas, y nunca fueron ejemplo para el estudio serio, y así en el libro "La vida del Pícaro Guzmán de Alfarache" haciendo hincapié en el status de estudiante rico que así alcanzaron los otrora sopistas, encontramos:
". . . no querían ver libro, ni atender a lo que habían venido a la Universidad; jamás se les caían las guitarras de las manos, daban mucho entretenimiento, cantaban muy bueno sonetillos y siempre tenían de nuevos, y los sabían hacer muy bien y pasar el instrumento".
Así, los pupilos que querían formar parte de las camadas sopistas, se convertían en escuderos de estos a cambio de que les instruyeran en su arte, lo cual permitía a los sopistas llevar una vida similar a la de los estudiantes ricos. Los nuevos que esto decidían, debido a su inexperiencia, eran el centro de la broma en las correrías de sus maestros, pero una vez terminado el pupilaje, el nuevo era admitido como uno más, y así en el libro "Historia de la vida del Buscón" de Quevedo, se hace referencia a estas costumbres que todavía hoy perduran:
"Viva el compañero, y sea admitido en nuestra amistad; goce de las preeminencias de antiguo; pueda tener sarna, andar manchado y padecer el hambre que todos!".
Así, el bando de Juan de San Clemente, la más antigua de las disposiciones de la jurisdicción disciplinaria de los escolares, fechada 24 de febrero de 1594, inicia una información testifical de la que resultaría la confirmación de las "malas" costumbres que reinaban entre aquella suelta y briosa juventud, rondadora nocturna, devota de las guitarras a trashora, iniciada en los poemas y en los coqueteos que se podían prodigar con las mujeres del pueblo que vivian en las afueras, y nada renuente de las comparsas nocturnas, participando de las travesuras y de todas sus execrables acciones.
Constancia de ello queda en la primera referencia escrita que hay sobre las Tunas, que se encuentra en el archivo de la Universidad de Lérida, y en la que se prohibe a los estudiantes hacer rondas nocturnas bajo pena de confiscarles los instrumentos.
Durante este largo período de gestación, de todos estos hábitos y manifestaciones musicales realizados por estudiantes de se obtienen los elementos que concurren al nacimiento de la Tuna.
Desde que se planteó el nuevo plan de estudios de 1836 organizando de otro modo los Seminarios, Universidades é Institutos, y suprimidas las Universidades de Salamanca y Alcalá, que fueron tan célebres, no hay costumbre de ir los estudiantes en tuna, quedando sólo como recuerdo algunas comparsas de estudiantes que tocan y cantan jotas, y postulan por las calles durante el Carnaval; habiéndose abolido el uso del traje talar, ya estudiantil como externo ya interno ó de beca, en la Revolución de Setiembre de 1868.”
La eliminación de las antiguas y reconocidas universidades de Alcalá de Henares y Salamanca, la abolición de la obligación de uso de traje de talar o de estudiante, la mejora de las comunicaciones en la península con la llegada del tren que hacía más fácil los desplazamientos de los estudiantes, hizo posible que desapareciera esta tradición de unirse los estudiantes para “correr la tuna”.
La eliminación de las antiguas y reconocidas universidades de Alcalá de Henares y Salamanca, la abolición de la obligación de uso de traje de talar o de estudiante, la mejora de las comunicaciones en la península con la llegada del tren que hacía más fácil los desplazamientos de los estudiantes, hizo posible que desapareciera esta tradición de unirse los estudiantes para “correr la tuna”, pero se mantuvo, gracias a las fiestas de Carnaval donde habían grupos y comparsas que se disfrazaban de estudiantes de época y cantaban sus canciones rememorando tiempos anteriores.
La Tuna, nace unida, en su primera concepción en un ambiente de carnaval en forma de comparsa universitaria. Así llegamos a comienzos de 1876, que se puede fijar como fecha del nacimiento de la Tuna, como colectivo de tunos organizado y estable, que luego quedaría sustancialmente inmutada, y que llegaría hasta nosotros.
Los grupos organizados por universidades y facultades o estudios universitarios, de la forma que lo concebimos actualmente, tienen su origen en los grupos que a finales del siglo XIX se formaron por ciudades para rememorar dichas actividades de correr la tuna. Estos grupos estaban mejor organizados, con una base mayormente musical y eliminando las costumbres que habían creado mala fama a dichas agrupaciones o estudiantes de décadas anteriores aunque respetando el sentido y la filosofía del estudiante bohemio, pícaro y galante.
El traje que se usa actualmente en la tuna es una derivación de los trajes que empezaron a usar estas agrupaciones de tunas del siglo XIX y principios del XX, de la forma que ellos entendían que podían vestir dichos estudiantes pero sin ser copia de los trajes estudiantiles que se usaban en la época anterior.
La Tuna, es un fenómeno cultural que parte de las señas de identidad de la propia Universidad Española, y que incluso, ha sido capaz de exportar a países como Holanda, (Eindhoven), Italia, Portugal y sobre todo a casi toda Hispanoamérica. Precisamente fruto del intercambio recíproco que supuso la creación de las primeras universidades en el Nuevo Continente, a partir de mitad del XVI, la composición musical de nuevos ritmos, formas e instrumentos.
Las tunas mantienen vivas las costumbres heredadas de los estudiantes españoles del siglo XIII.
Emilio de la Cruz y Aguilar en sus "Chrónicas de la Tuna",expresa : "A pesar del paso y cambio de los tiempos, los tunos siguen siendo viva credencial de la juventud de siempre, los mismos antiguos juglares y trovadores escolares que siguen en el mester, los entrañables y nocherniegos universitarios que, desde hace muchos siglos, sucediéndose a sí mismos, recorren rondando el mundo, cultivan los instrumentos populares y practican un género de música entroncada directamente con las albadas medievales o los cantos escolares pobres, testificando así este fenómeno cultural único . . . "
Por último, recordar a Jiménez Catalán y Sinués y Urbiola, historiadores de la Universidad de Zaragoza, cuando decían que: " de estas comparsas de tunos y sopistas salieron hombres que gobernaron a España y ocuparon puestos preeminentes en las letras, la política y el foro".
"La Tuna es el resultado de un proceso evolutivo en la forma de vida y en las costumbres de los estudiantes. Su origen se encuentra en la hambruna que durante siglos padeció este colectivo y en el ingenio empleado para paliarla........".
FUENTES:
J. Fuentes y Ponte, “Murcia que se fué”, Madrid 1872
Roberto Martínez Del Río, "La Supervivencia Del Estudiante Pobre En El Antiguo Régimen: Correr La Tuna ". Rafael Asencio Gonzalez, "Tradiciones Universitarias En El Antiguo Régimen: "Antiqui Mores Serventur".
Raimundo Gómez Blasi, "Lírica Unversitaria: Aproximación A Los Cantos De Escolar".
Félix Martín Martínez, Historiador Del Arte Y Ex Decano De La Tuna Universitaria De Oviedo.
Historia De La Tuna Compostelana - Tuna Universitaria De Santiago De Compostela
José Manuel Sendra Mengual "Cabezón" Tuna De Aparejadores De Valencia
Historia – Tuna de Medicina de Murcia
La evolución del traje escolar
Desde el inicio de las universidades hasta 1835, año en que se decretó su desaparición.
Ponencia al Tercer Seminario Internacional del Buen Tunar. La Serena, Chile. Enero de 2004.
ENRIQUE PÉREZ PENEDO
Investigador y Director del Gabinete de Imagen y Comunicación Gráfica de la Universidad de Alicante, España.
A modo de introducción, digamos que existe un general desconocimiento dentro del colectivo estudiantil (tunas y estudiantinas) sobre la procedencia de las vestimentas que tan orgullosamente portamos.
¿Cuál es el origen del traje de tuno?, ¿De qué siglo data?, ¿Qué prendas -si es que las hay- se han conservado fielmente con el paso del tiempo?, ¿Vestían así los estudiantes de las viejas universidades españolas o todo es producto del márketing, cuando no existía aún ese concepto, de un grupo musical que en un momento determinado supo vender una imagen y sin habérselo planteado acabó creando escuela?. Hoy haremos un breve recorrido por la historia del traje escolar desde el inicio de la universidades hasta el decreto de su desaparición en 1835, y lo iremos acompañando con imágenes para hacerlo más comprensible.
La primera pregunta que surge es, ¿por qué diferenciar a los estudiantes del resto de la población?, ¿qué necesidad había de un traje escolar?. Y la respuesta es muy sencilla. En una sociedad poco instruida como la del medioevo el recurso de identificar ciertas galas exteriores con una concreta corporación era frecuente pues facilitaba grandemente, sin necesidad de indagación alguna, el reconocimiento como perteneciente a dicho grupo por parte de las personas ajenas al mismo.
No existía un modelo típico de atuendo estudiantil (salvo en el caso de los colegiales en el que las Constituciones regulan la forma en el vestir de los alumnos), sino más exactamente prohibiciones expresas acerca de materiales, telas, colores y ornatos que no debían formar parte del mismo, al no ser acordes con la austeridad monacal que desde sus comienzos presidía los Estudios.
Un ejemplo de estas prohibiciones lo tenemos en los Estatutos de la Universidad de Orihuela. En ellos se dedica un escueto capítulo a la presencia de los estudiantes en la universidad, pero con un título harto significativo: 'Prohibiciones a estudiantes' .
En él se contenían toda una serie de tópicos repetidos en otras universidades y que iban encaminados a erradicar una serie de males comunes en la masa estudiantil durante los siglos XVII y XVIII. Entre estos tópicos, junto a la prohibición de portar armas, de provocar peleas, de participar en juegos de azar o la prohibición de asistir a representació n de comedias en horas y días de clase, figuraba la de 'prohibición de vestir prendas de color'.
El origen eclesiástico de las primeras escuelas influyó en el uso de una serie de prendas semejantes a las de los religiosos. Estas ropas eran la loba, el manteo y el bonete.
Rezaba una copla popular:
El tuno es igual que el cura
en lo negro del color
mas ante hermosas mujeres,
no, no ¡y no!.
Su uso era obligatorio, pues, cuando el estudiante nuevo llegaba a la Universidad era examinado sobre sus vestimentas, antes de matricularse por el cancelario, quien mostraba su conformidad extendiendo un boleto que decía 'Va arreglado en el traje'. Una vez admitido el escolar se cuidaba de no lavarlo, pues 'El desaseo y deterioro de este traje era una de las galas del estudiante veterano.'

ü (der.) Nos fijamos en este detalle (puerta izquieda). Es una escena de clase.
ü (izq) Vemos en primer lugar las puertas de estanterías de manuscritos e incunables de la Universidad de Salamanca, pintadas por Martín de Cervera en 1614.
La pintura representa el ambiente de una clase del antiguo Estudio salmantino y la diversa indumentaria de los estudiantes, seglares en su mayoría a pesar de sus apariencias. Diversidad en la indumentaria estudiantil que se aprecia en los distintos colores de las lobas. Vemos negras, pardas. Diversos tipos de tocados, chambergos, bonetes, y distintos colores de hábitos según la orden religiosa del alumno.
En la Universidad de Valladolid, los Estatutos del siglo XVI, bajo un epígrafe denominado «de la honestidad de los estudiantes» (art. 30), indicaban cuáles debían ser las vestiduras propias para sus escolares: «...que los estudiantes desta Universidad, anden honestos en su vestir y traje. Y que ninguno pueda traer ropa de seda, o cosa guarnecida con ella, ni gorra, ni capa, ni sombrero de seda, ni lana. Sino loba o manteo, y bonete castellano. Ni trayga sombrero grande sobre el bonete por las escuelas, ni entre en los Generales con ellos. Ni trayga muslos de seda, ni acuchillados, ni camisas labradas con oro o seda»
El artículo de los Estatutos era, como hemos visto, una llamada a la austeridad pero sin embargo no olvidaba la existencia de universitarios llamados pobres. Para estos decía «...permitimos que los estudiantes muy pobres y los que sirvieren, con licencia del Rector puedan traer caperuça o gorra o capa, y no de otra manera».
El traje, así descrito por los Estatutos, se denominaba de manera genérica hábito.
Examinemos ahora cada una de sus partes.
La loba consistía en un alzacuellos que se ceñía en la zona del pescuezo y después se ensanchaba hasta los hombros, para caer desde estos hasta los pies. Esta pieza tenía una abertura delante y la parte superior, y dos en los laterales que les permitían sacar los brazos. Estaba confeccionada de paño y de amplio vuelo, aunque luego se recogió hasta la pantorrilla.

ü (Izq.) Talla en madera conservada en el Rectorado de la Universidad de Salamanca. Representa a un estudiante colegial. Porta una loba larga hasta los pies, y se puede observar con mucha claridad los amplios cortes laterales para sacar los brazos. La vestimenta es tremendamente austera, como mandaban los cánones, y si no fuera por la beca podríamos pensar que se trata de un miembro de alguna comunidad religiosa.
ü Representación de un estudiante en una cerámica valenciana del siglo XVIII. Observamos que el acortamiento de la loba es evidente.
Antiguamente la loba se completaba con el capirote, que se unía a ella para resguardar cuello y testuz de las inclemencias meteorológicas; esta prenda fue reservándose paulatinamente para los maestros y reduciéndose hasta degenerar en la actual muceta que usan los doctores en los actos universitarios solemnes.

ü Doctor en Derecho, pintado por Zurbarán, y que representa fielmente la vestidura académica española del siglo XVII.
ü (2) Viste loba, predecesora de la actual toga, de corte talar y las grandes aberturas laterales.
ü (3) Observamos ahora el capirote. Si bien esta fue una prenda que nació con un uso funcional determinado, con el tiempo pasó al terreno de los símbolos del mundo académico y se convirtió en una distinción de la misión de enseñar. Su parecido con la actual muceta ya es evidente
ü (4) El bonete, cubierto por una gran borla, y que con el paso del tiempo se convertirá en el birrete que aún se emplea en los actos académicos solemnes.
ü Un detalle interesante es que bonete y capirote son de diferente color. Esto en un principio fue así; pero en 1859 se decreta que ambos deberán ser del color del capirote, que a su vez será del color de los estudios que representa. El color negro se reserva para uso exclusivo del Rector.
Los estudiantes se tocaban con el bonete. Éste era un gorro que, como el resto de sus vestiduras, no les era privativo, sino que se identificaba también con el de los eclesiásticos aunque su forma no fuese idéntica. Los graduados y colegiales, y por extensión todos los escolares, tendían a llevar bonete de cuatro picos en las cuatro esquinas, que en vez de subir como en el de los clérigos salían hacia afuera. El adorno para cubrir su cabeza se hizo una seña de identidad de este cuerpo, hasta el extremo de que el refranero lo utilizaba como sinónimo de letras y de hombres letrados. Así, por ejemplo, se decía: «bonete y almete hacen casas de copete», para apostar por las letras y las armas como las dos vías de promoción social de la Edad Moderna.

ü En este fragmento de las puertas de Martín de Cervera, pueden apreciarse con toda claridad los bonetes con sus puntas apuntando hacia fuera.
Covarrubias nos define el bonete como 'cierta cobertura de cabeza [...] de cuatro esquinas que encima forma cruz'. Sobre él ponían los doctores la borla, conjunto de hebras rematadas en un botón, como insignia de su grado académico. La borla era del color que la simbología asignaba a cada rama de la ciencia (colores que hoy, además, se emplean en las becas, prenda de la cual hablaremos posteriormente) ; así, amarillo para medicina, rojo para derecho, blanco para teología, etc.

ü Ilustración que sirvió de cabecera a un entremés de Miguel de Cervantes, 'La elección de los Alcaldes de Daganzo', y donde podemos apreciar el manteo de un estudiante luciendo un bonete.
La prenda de abrigo por excelencia era el manteo. De esta palabra derivó el apelativo manteísta, con el que se conocía a la generalidad de los estudiantes para diferenciarlos de los que tenían beca en los colegios. Consistía en una capa de tela gruesa, 'de paño veintidoseno de Segovia', aseguraba Vicente Martínez Espinel en su Vida del Escudero Marcos Obregón, que llegaba hasta el cuello y que carecía de esclavina, por lo que se anudaba gracias a dos cordones que colgaban de un cintillo que fileteaba su extremo y en el que los escolares prendían las cintas de los corpiños de sus amantes. Ya en La Razón de Amor, poema de principios del siglo XIII, un escolar recibe una cinta de su amada en prenda de amor:
'Ela conocio mi cinta man a mano - qu'ela ficiera con la su mano'.
Este puede ser el precedente más antiguo del que se tiene conocimiento de la costumbre estudiantil de prender en las capas las cintas de los amores o seres queridos.
El manteo se remataba con una franja de paño picado con la que solía adornarse su parte inferior, y que recibía por nombre 'tirana'. Por tirana se entiende también un tipo de canción popular española, lo que puede hacer pensar en su origen estudiantil.

ü Precioso dibujo de Méndez Bringa (1916) mostrándonos a un estudiante seguramente haciendo el camino de vuelta a casa en época vacacional, con su loba, manteo, bicornio y su guitarra para ganarse el sustento.

ü Diversas representaciones de estudiantes procedentes de romances en pliego de cordel. En todos ellos, el estudiante aparece indefectiblemente, como mínimo. con su manteo y su chambergo.
Loba, manteo y bonete debían ser de unas calidades de tela determinadas, excluyendo las sedas, pero nada se dice del color en que debían de confeccionarse. En principio, dado el carácter expresado en la normativa y la insistencia en la honestidad, es posible considerar que debía excluirse todo colorido en los hábitos. Sin embargo, no hemos de estimar que el color era negro, como tampoco lo eran todas las vestiduras eclesiásticas. Los escolares podían introducir alguna variedad pero se debía eliminar, sobre todo, en los lutos reales, cuando de una manera especial se pedía a todo el gremio universitario que se esforzara por ajustarse a un patrón respetuoso.
En general, podemos considerar a priori que los universitarios llevaron con gusto su atuendo. Sin embargo, y sin que falten ejemplos de la adaptación e identificació n de profesión e indumentaria, también han trascendido muchos testimonios de oposición a tales atavíos.
Las razones del rechazo a los manteos son sin duda varias. En primer lugar no podemos olvidar que los hábitos identifican, pero también igualan. Los estudiantes, élite cultural, no presentaban la misma homogeneidad en el ámbito económico. Sus posibilidades eran muy diferentes, oscilando entre los escolares pobres que vivían de su trabajo o de su picaresca y los que llegaban con los bolsillos bien repletos y estaban respaldados por las fortunas de sus padres. Los había hidalgos y plebeyos, pero si respetaban tajantemente las normas no presentaban en apariencia ninguna diferencia.
En este sentido, la posibilidad de igualar que tenía el hábito podía ocasionar una doble respuesta. Por una parte, gracias a él, algunos jóvenes podían ocultar su humilde origen; si bien para algunos las limitaciones económicas eran tantas que los viejos paños de sus lobas no escondían nada. Pero, por otra, no faltaban varones a quienes el hábito les impedía lucir sus mejores galas, con las que podían demostrar el lugar que ocupaban en la estratificació n jerárquica de la sociedad. Los primeros podrían pretender una ascensión social a través del vestido; los segundos la rechazan porque no aportaba nada relevante a su ser social.

ü Retrato de un estudiante posando en ropa estudiantil. Se trata del estudiante Cabrera. Vestimenta austera, bicornio, y manteo terciado. Forma típica de lucir dicha prenda por el colectivo estudiantil.
Esto por lo que respecta a los hábitos de San Pedro, que en lo referente a los demás que usaban los estudiantes no existía un patrón fijo, sino que se sometían a los vaivenes de la moda, que influiría incluso en las tres prendas eclesiásticas.
Ejemplo de lo anterior es la adopción por parte de los estudiantes del sombrero gacho o chambergo, y que el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define como 'sombrero de copa más o menos acampanada y de ala ancha levantada por un lado y sujeta con presilla, el cual solía adornarse con plumas y cintillos y también con una cinta que, rodeando la base de la copa, caía por detrás'. Mas los escolares no colgaban de la presilla plumas o cintillos, sino la cuchara necesaria para tomar la sopa de los conventos, por lo que se les conocía con el nombre de sopistas o caldistas.
ü (Izq.) De nuevo volvemos al cuadro de Martín de Cervera, y observamos los distintos tipos de sombreros con que se tocaban los estudiantes. Así junto al bonete, vemos un chambergo en forma acampanada.
ü (Der.) Y otro chambergo que empieza a tomar ya cierta forma, dejando caer un ala y ligeramente levantando la otra. Ésta con el tiempo se fijaría con una presilla o en el caso de los sopistas con una cuchara.

ü (Izq.) Nuevo grabado de época. Cada vez la deformación del chambergo es mayor y el pliegue del ala más evidente.
ü (Der.) Aquí el estudiante luce su cuchara en el bicornio. Por otra parte y tal y como comentábamos antes, lo raído de sus vestimentas no pueden ocultar su evidente pobreza. Por esa razón, aunque los estudiantes tuvieran una uniformidad a la hora del vestir, la calidad de sus paños y su estado de conservación decían mucho de su linaje o estrato social.
El barón Charles Davillier y Gustave Doré, en su libro 'Viaje por España', recogen, entre otras, las siguientes coplas populares:
Las armas del estudiante
Yo te diré cuáles son:
La sotana y el manteo,
La cuchara y el perol.
Desde que soy estudiante,
Desde que llevo manteo,
No he comido más que sopas
Con suelas de zapatero
Chambergo y manteo sufrirían una nueva modificación a consecuencia del bando provocador del conocido como Motín de Esquilache (1766), que ordenaba apuntar sombreros y recortar capas para evitar que los portadores de tales prendas llevaran armas y ocultaran su rostro.
Los estudiantes levantaron las dos mitades de las alas del chambergo por encima de la copa y las sujetaron con la presilla, dando lugar al sombrero de medio queso o tricornio, llamado así por su característica forma triangular; pero no recortaron los manteos como recomendaba el decreto, tan sólo aumentaron el tamaño de los cordones que fileteaban su cuello atándolos sobre el pecho tras pasarlos por bajo de las axilas, con lo que se podía comprobar que iban desarmados. El tricornio, con los años fue perdiendo su acentuada forma triangular y terminó denominándose 'bicornio'.

ü 'Una broma picante', ilustración de Emilio Sala (1902).
Aquí nos encontramos con un estudiante con su tricornio absolutamente ladeado, era la forma habitual de llevarlo, y la cuchara de palo prendida en él.
Poco a poco fue decayendo la sotana por dos razones fundamentalmente, la progresiva independencia de los estudios de su origen eclesiástico, y la generalizació n de los 'trajes de gentes', mucho más cómodos que la prenda talar.
Los escolares ricos comenzaron a vestir en corto para viajar y andar de noche por las villas donde cursaban sus estudios, primeramente empleando la sotana corta y luego el traje de galán, pero adaptándolo (aunque a veces no ocurría así) a las reglas contenidas en las Constituciones Universitarias, principalmente el uso obligatorio de colores oscuros, preferentemente el negro, prohibición en el uso de determinadas calidades de tela como la seda, de adornos costosos como pieles y joyas, de acuchillados, de camisas labradas, de polainas, de guantes adobados, etc.

ü 'Estudiantes de la Tuna viajando con los arrieros' Esta ilustración de Gustave Doré realizada en su viaje por España nos muestra las condiciones en que viajaban los estudiantes. Evidentemente, y aunque las condiciones de viaje no eran tan crudas para todos, el traje talar no era precisamente el más cómodo.
El 'traje de gentes' se componía de coleto (casaca con mangas que cubría el cuerpo ciñéndolo hasta cintura, y que tenía unos faldones que no pasaban de las caderas), bajo el que se encontraba la camisa de color blanco que sobresalía del coleto por cuello y puños gracias a las lechuguillas, denominadas así por su forma parecida a la de las hojas de lechuga; las calzas (prenda ceñida que cubría muslo y pierna llegando hasta la cintura) con su soleta (pieza de cuero que se remendaba a la planta del pie de las calzas); gregüescos acuchillados, (calzones anchos con una serie de cortes verticales que dejaban ver otra tela de distinto color) que más tarde serían sustituidos por las calzas folladas que llegaban a las rodillas a las que se ajustaban con ligas o cintas de tela negra; y zapatos negros con hebilla.
José García Mercadal en su libro, Estudiantes, Sopistas y Pícaros define las calzas folladas como 'especie de gregüescos muy huecos y arrugados, en forma de fuelles, donde los estudiantes solían esconder las gallinas hurtadas al alejarse de los mesones'
Como prendas típicas de los colegiales, estudiantes de los Colegios -tanto Mayores como Menores-, estaban el manteo y la beca, cuyos colores servían para distinguir la pertenencia del estudiante a un determinado establecimiento educativo.
La beca, en sus orígenes, no era como la conocemos ahora. Nos relata Blanco White en su autobiografía que 'se dobla por la mitad como formando un ángulo y manteniendo la doblez delante del pecho, se echan las dos mitades sobre los hombros de manera que bajan por la espalda hasta cerca de los talones. La parte que cuelga del hombro izquierdo se hace mucho más ancha a unos dos pies del extremo y en ese lugar tiene un anillo circular de madera, de una pulgada de espeso cubierto con la misma tela'.

La parte de la beca de la que cuelga el anillo circular es la chía, y el anillo recibe el nombre de rosca. La rosca con el tiempo se fue independizando de la beca dando lugar a la gorra, pero conservaría el color; de su uso por parte de los estudiantes más humildes que subsistían del caldo de los conventos derivó el apelativo capigorrista o gorrón, y la expresión 'comer de gorra', que indicaba precisamente la gratuidad que le era propia. Como vemos el origen de la beca era noble y acabó siendo un símbolo de identidad corporativa del gremio estudiantil, con la salvedad de que la rosca ya no cubría la cabeza sino que se dejaba caer por la espalda.

ü (izq.) Estudiante del Colegio de los Irlandeses de Salamanca
ü (centro) Vemos la beca, y sobre todo la parte que más nos interesa es la que cae por la espalda y es recogida por el brazo izquierdo, la chía.
ü (der.) La rosca forrada de tela del mismo color, hizo las veces de tocado, pero los colegiales con el paso del tiempo se limitaron a dejarla caer por la espalda y se cubrieron con el bonete, que porta este estudiante en su mano derecha.

ü Tallas de madera representando a un colegial portando beca de su colegio mayor.
ü Otra talla de la misma época. Si comparamos ambas, aparentemente iguales, podemos observar como el distinto color ropas y sobre todo de su beca, nos está indicando que se trata de estudiantes pertenecientes a colegios diferentes.
Desde 1773 profesores y escolares debían usar traje de paño de fabricación nacional, hasta de segunda clase y color honesto, y en verano de seda lisa sin guarniciones. Sólo podían llevar en todo tiempo trajes de seda el rector, el maestrescuela, los doctores, maestros y licenciados por Salamanca. La obligatoriedad en el uso de las ropas académicas quedó reducida para los estudiantes a los días festivos, en los que vestían manteo y sotana negra de bayeta hasta el zapato con alzacuello blanco, chupa, calzón, chaleco de paño negro, sombrero de tres picos con presilla y calzado decente.

ü La Universidad de Cervera en 1808. La ilustración nos muestra lo que podía ser un día festivo a juzgar por las galas que lucen todos, desde el clero a los estudiantes, donde todos aparecen uniformemente vestidos y arreglados.
En 1835 quedó definitivamente suprimido el traje escolar. Algunos escritores y periodistas dieron a este hecho una trascendencia mayor que la que verdaderamente le correspondía. Julio Monreal, por ejemplo, concedió a la abolición del traje académico en su artículo 'Correr la Tuna' publicado en el Almanaque de la Ilustración Española y Americana en 1879, la siguiente lectura: 'Por fin vino un día funesto para la tuna. Mandose, de orden superior, suprimir tricornio, manteos y sotanas, y por más que diga el refrán que el hábito no hace al monje, desde aquella echa perdieron los escolares sus antiguas tradiciones' .
Como hemos podido ver, la historia del traje estudiantil es un compendio de prohibiciones, desde su inicio hasta su extinción. Nace sin un patrón definido de cómo debería ser, y sí de cómo no debía ser, y su desaparición también se recubre de ese manto prohibicionista que le había acompañado a lo largo del tiempo.
Un interesante documento que avala lo anterior es el conservado en el archivo Universitario de Barcelona, referido a la Universidad de Cervera, donde D. José Ginés Hermosilla, director general de Estudios y eminente humanista, ordena el 8 de octubre de 1835 se prohíba el traje talar a los alumnos de la Universidad, por considerar que no está en armonía con las costumbres del siglo, acostumbrando a los jóvenes al desaliño y decoro impropio a las personas bien educadas.

ü Estudiante de la Universidad de Cervera. Aunque las nuevas modas se han ido imponiendo, manteo y tricornio se mantienen.
Posiblemente, antes de comenzar mi charla, algunos de ustedes tuviera alguna duda sobre el origen del traje de tuno; ahora, casi finalizada, tendrán con toda seguridad muchas más. En este brevísimo repaso a la historia hemos visto retazos que nos recuerdan a la tuna y a los tunos: tricornios, manteos, alguna que otra guitarra pero no hemos encontrado el maniquí ideal con el que identificarnos.
El traje que muchos hemos identificado durante años con una tradición que venía de siglos no es más que un invento de finales del siglo XIX de las comparsas de carnaval. Muchos de estos grupos musicales adoptan ropas estudiantiles a supuesta semejanza de las de los antiguos moradores de las universidades españolas. Entre estas comparsas alcanzó gran renombre la denominada Estudiantina Española que en 1878, y coincidiendo con las fiestas de carnaval, decide viajar a París llevando consigo sus guitarras, flautas, violines, vihuelas, bandurrias y panderetas. El éxito de la experiencia es recogido por 'La Ilustración Española y Americana', el 15 de marzo de ese mismo año, donde, con gran profusión de grabados, nos ofrece una crónica entusiasta y detallada del periplo, y lo que más nos interesa a nosotros: una fiel descripción de sus vestimentas.

ü La Estudiantina Española, el 6 de marzo de 1978, en el jardín de Las Tullerías, en París.
El articulista se encuentra en la Plaza de la Opera con la Estudiantina Española, y relata lo siguiente: '...y desfilando por delante de nosotros, nos dio ocasión para examinar los ricos trajes de los sesenta y cuatro individuos de ella, que así se parecían á los de los genuinos estudiantes que por las aulas de Salamanca y Alcalá arrastraban bayetas, como los vestidos de las pastoras del teatro á los de las verdaderas zagalas que pasan la vida entre zarzales: jubón y greguescos de terciopelo negro con botones de acero, y mucho cuello de encajes: medias de seda, también negras: zapatos de charol con lazo de igual color y hebilla de acero: guante blanco de cabritilla: gorra de terciopelo con un nudo de cinta amarilla y encarnada en unos pocos: en los más, sombrero apuntado (claque d'arlequin, dicen los periódicos de aquí), y una funesta cuchara a guisa de escarapela: tal era el atavío de estos bachilleres, más o menos auténticos, que doctores de los más encopetados se hubieran dado con un canto en los pechos por tener en el siglo XVI para presentarse en la procesión del Corpus.'

ü Ildefonso de Zabaleta y Joaquín de Castañeda, presidente y vicepresidente de la Estudiantina Española.
Dura crítica a la Estudiantina Española la realizada por el comentarista de la 'Ilustración Española y Americana' en cuanto a la rigurosidad de su vestimenta, que igualmente podría aplicarse al resto de las comparsas de carnaval y estudiantiles. Unos y otros se copian, cambiando apenas detalles a su conveniencia. Se generaliza el uso del jubón. Al principio sencillo, sin adornos, para acabar con los años afarolado. El manteo terciado deja su paso a la capa adornada de cintas y escarapelas -éstas también sobre los instrumentos- . Se introducen también exagerados cuellos de encaje y puñetas, y el bicornio con la cuchara, símbolo por excelencia de los sopistas, alcanza gran protagonismo.
Veamos algunos ejemplos:

ü (izq.) Tuna de Santiago, 1877.
ü (der.) Estudiantina cordobesa, 1891.

ü (izq.) Estudiantina Española de Valparaíso, Chile 1891.
ü (der.) Estudiantina Valenciana de la Facultad de Medicina, 1905.

ü Tuna Escolar de Veterinaria de León, 1914.
Para concluir, una curiosidad. Si repasamos los testimonios gráficos de la época, finales del XIX y principios del XX, que es cuando el traje de tuno empieza a tomar cuerpo, extraña la ausencia de una prenda: la beca. Ésta, con ser el elemento más apreciado de la vestimenta, y por cuya conquista hoy en día se pasa un duro pardillaje, se incorpora al traje hace solamente 50 años.
ENRIQUE PÉREZ PENEDO
Universidad de Alicante, España.
Ponencia al Tercer Seminario Internacional del Buen Tunar.
La Serena, Chile. Enero de 2004
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